En un día como hoy, que fue de tanta importancia antaño para los dos, solo pienso en ti, ni en los presentes que me dejaron sus majestades al lado de mi zapato, ni en el dulce roscón de mi progenitora, ni en la sonrisa de las más pequeñas de mi familia que aun conservan la magia de este día. No, solo en ti, mientras escucho Los Planetas y subo cada vez más el volumen con la intención de dejar de escuchar mis absurdas reflexiones que acabaran por detonar la poca masa cerebral que me queda. Es irónico, me resulta tan insólita esta sensación, ahora ya no sé si te echo de menos a ti, o a lo que sentía cuando estábamos juntos, cercanos, próximos, yuxtapuestos, conexos, tristemente ahora solo nos encontramos en el antónimo de todas esas palabras (separados). No soy tan egocéntrica como para afirmar que fuimos los mejores amantes de la existencia de los hombres, desgraciadamente mi opinión no es tan umbilical (quizás si lo fuese todo esto dolería menos), no me atrevería a comparar mi amor con el de Cleopatra y Marco Antonio, ni con el de Paris y Helena, al fin y al cabo la única guerra que provoco mi (nuestro) amor fue en mi cabeza. Y me voy por las nubes, de hecho sospecho que desde que nos conocimos vivo ahí, hace mucho que mi mente no visita al resto de los mortales. En conclusión, volviendo al mundo, hoy es día de reyes, y todos los regalos me saben a poco, y no sé si es porque mi mente esta tan contaminada por el consumismo y el capitalismo o porque lo que de verdad quería era una caja que te transportarse a ti dentro y que mientras me calentabas con abrazos me contases una y otra vez lo mucho que me habías echado de menos, aunque eso es imposible, casi tanto como el equilibrio.
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