Santa Teresa de Jesús (haciendo honor a mi nombre) definió al diablo, como “todo aquel incapaz de amar”, ergo eres el diablo. Un simple entimema que determina tu personalidad (arrolladora por cierto). Y como buen diablo, al igual que a Eva, me hiciste morder la manzana abstraída por tus encantos y tus promesas, condenándome así a abandonar el paraíso. O no. Quizá simplemente me arrebataste la vida y me llevaste al paraíso, momentáneo sí, pero paraíso al fin y al cabo. Lo cierto es que nadie puede contestarme a eso, ergo eres nadie.
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